jueves, 28 de noviembre de 2013

Antecedentes del viejo mundo


Antecedentes del viejo mundo

I. Problemas sociales

El deseo de pertenecer al grupo y la buena disposición para proporcionarse mutua protección tuvieron tanta influencia como el deseo egoísta de dominar a los seres humanos más débiles.

En las enseñanzas religiosas judaicas y cristianas. La caridad era fundamentalmente motivada por el deseo de recibir la gracia de Dios y obtener los méritos de las buenas obras para la vida eterna; sin embargo, un sincero sentimiento de compasión hacia las viudas y los huérfanos puede muy bien haber sido la razón de que se hayan satisfecho las demandas de las iglesias para la ayuda a los pobres. Con la creciente influencia de la iglesia y la aceptación del cristianismo como religión de estado, se establecieron instituciones para los pobres en los monasterios, instituciones que servían como orfelinatos, como asilos para los ancianos, para los enfermos y los inválidos, así como refugio para la gente sin hogar, con lo cual se continuo la tradición de las xenodochia (casas de huéspedes) griegas.

Los hospitales se fundaron con la ayuda de los donativos hechos por los reyes, los duques y los miembros de la aristocracia. Sin embargo, solo algunos de los desamparados encontraron protección y refugio en estas instituciones, muchos mendigos vagabundos continuaron deambulando por los caminos y se convirtieron en una plaga contra la cual no pudieron hacer nada los gobiernos locales ni los estatales.

Para evitar que hombres perfectamente capaces se dedicaran a la mendicidad, fundó un “taller militar”, que fabricaba el vestuario para el ejército, este fue creado por Benjamín Thompson en Múnich en el año 1790.

II. Las primeras obras de caridad en Inglaterra

Dar limosnas a los desamparados, los ciegos y los cojos era un deber religioso, y un medio de salvación de la amenaza del castigo divino después de la muerte. Como el principal motivo de la caridad era la salvación del alma del donante, generalmente le preocupaba muy poco a ésta el ser humano que recibía su caridad. La ayuda a los desamparados fue primero distribuida por el sacerdote de la parroquia, es auxiliado por los diáconos y sacristanes. En los siglos XIII y XIV, las órdenes religiosas y las instituciones eclesiásticas liberaron a las iglesias parroquiales de la mayor parte de los deberes de cuidar a los pobres. Las sociedades de mercaderes y artesanos, las fraternidades rurales, y las fraternidades eclesiásticas o sociales fueron organizadas primordialmente con el objetivo de ofrecerse ayuda mutua, hermandad y amistad. Por lo tanto, sostenían ante todo a sus propios miembros enfermos o necesitados, a sus viudas y huérfanos; aunque también organizaban obras de caridad para los pobres del pueblo. La emancipación del trabajador rural, que dejo de ser ciervo de las grandes haciendas, creó nuevos problemas. Antiguamente, el ciervo y su familia eran vestidos y alimentados por el señor de la tierra, y la señora cuidaba a los ancianos y a los enfermos. La emancipación dio al trabajador y a su familia la libertad para ir de un lado a otro; pero lo privó de su antigua seguridad. En épocas de desempleo, de enfermedad, de ancianidad, o de invalidez, se veía obligado a mendigar. Al iniciarse la revolución industrial, la elaboración de la lana ofreció nuevas oportunidades a la clase trabajadora, pero los trabajadores residentes fueron los primeros contratados.

La primera ley que se promulgo en Inglaterra acerca de los pobres fue originada por una catástrofe nacional. En 1348 la plaga, o la “peste negra”, que llego de Levante en barcos que llevaban ratas infectadas, mató a dos terceras partes de toda la población inglesa en solo dos años. Lo que provoco una de las más graves escases de mano de obra en las haciendas y aparte provoco un aumento en los salarios.

La Ley de Pobres de 1601 no permitía que se registrara una persona, como necesitada de caridad, cuando sus parientes –esposa o esposo, padres o hijos- podían sostenerla. El principio de “responsabilidad de los parientes” o “responsabilidad familiar” significa que los familiares deben asumir la responsabilidad básica de sostener a sus parientes pobres.

La ley distinguió tres clases de pobres:

1) El pobre corporalmente capacitado. Estos eran llamados “mendigos fuertes” y se les obligaba a trabajar en la “correccional” u “hospicio”. Los ciudadanos tenían prohibido darles limosna, y los indigentes que llegaban de otras parroquias eran devueltos al lugar donde habían vivido durante un año o más. Un mendigo o “vagabundo valerosos”, que se negaba a trabajar en la correccional era puesto en el cepo o encarcelado.

2) El pobre incapacitado. Estas eran las personas que no podían trabajar: los enfermos, los viejos, los ciegos, los sordomudos, los cojos, los dementes y las madres con hijos pequeños. Estas personas eran colocadas en el asilo, donde debían ayudar dentro de los límites de su capacidad. Si los pobres impedidos tenían un lugar donde vivir y resultaba menos costoso sostenerlos en su propia casa, los inspectores de los pobres podían concederles “socorro exterior”, generalmente “en especie”, es decir, que les enviaban comida, ropa, y combustible a sus hogares.

   3) Los niños dependientes. Eran los huérfanos, los expósitos y los niños que habían sido abandonados por sus padres, o cuyas familias eran tan pobres que no podían sostenerlos. Estos niños  se entregaban a cualquier ciudadano que se mostrara dispuesto a mantenerlos sin cobrar nada. Si no se disponía de una “casa gratis” de este tipo, el niño se entregaba a quien cobrara menos por su sostenimiento. Los niños de 8 o más años, que podían realizar algún trabajo doméstico o de otro tipo, eran colocados a cargo de alguno de los habitantes de la población.

Los “inspectores de los pobres” se encargaban de aplicar la ley de los pobres en su parroquia. Eran nombrados por los jueces de paz o magistrados. Su función consistía en recibir la solicitud del pobre que deseaba socorro, investigar su condición y decidir si era o no merecedor de ayuda. Los inspectores decidían si el solicitante y su familia debían ser colocados en el hospicio o en el asilo, si debían ser “ofrecidos al mejor postor”, o si debían recibir ayuda en su propia casa. Como regla general, un viejo edificio en desuso servía como asilo y hospicio. Y en el hospicio todos los internoss eran obligados a trabajar duramente con vigilancia de un inspector superior de los pobres.

V. El trabajo infantil y la legislación fabril

Los niños indigentes eran puestos a trabajar “vendiéndolos” a los agricultores, poniéndolos bajo el dominio de artesanos, o en el duro trabajo impuesto en los asilos. Algunos tenían apenas 4, 5 o 6 años de edad, y no había límite legal para las horas de trabajo. Los llamados “capataces” los mantenían despiertos dándoles latigazos cuando se quedaban dormidos. El día típico de un niño pobre alquilado a una fábrica textil era el siguiente: los niños eran obligados a levantarse a las cuatro o las cinco de la madrugada. Los niños de 6 o 7 años eran puestos frente a la rueda de hilar, o la rueda mecánica, donde sus dedos pequeños, hábiles y flexibles, podían ensartar la hebra con más rapidez que los adultos.

La Ley de Sanidad y de Moralidad de 1802 fue para la protección de estos niños, aprobada por iniciativa de Sir Robert Peel, quien se oponía a que se emplearan niños en el trabajo de las fábricas textiles. La cual redujo las horas en la que los niños trabajaban de 15 a 18 horas a unas cuantas horas menos.

La Ley de Fábricas de 1833, que prohibía el empleo de niños menores de 9 años en la industria textil y que limitaba las horas de trabajo diario para los niños. Por iniciativa de Edwin Chadwick, la ley introdujo el nombramiento de inspectores para las fábricas, que dependías de una oficina central nacional. Una enmienda a la Ley de Fábricas de 1847 ordenaba que los menores de 18 años y las mujeres sólo podían trabajar un máximo de 10 horas diarias.

El desarrollo industrial de Inglaterra y la crisis económica que acompañó a la introducción de maquinaria moderna produjo varios periodos de desempleo.

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